Cómo un viaje cambió mi manera de ver la vida

Cómo un viaje cambió mi manera de ver la vida

 

Este es un post invitado de Mónica, de Coaching Viajero.

Para Mónica y Sergio el año 2014 fue un año de inflexión en sus vidas, decidieron dejarlo todo y cambiar las reglas establecidas por la sociedad para poner en su vida por sus propias reglas. Por eso dejaron Madrid y se fueron 3 meses a Asia, al volver se asentaron en Menorca, donde cada uno se formó en áreas que le apasionaban, Mónica en Coaching y Sergio en Operativa Bursátil y blogging.

Con las cosas más claras están creando su propio trabajo online y su propia forma de ganarse la vida, de este modo poder viajar y trabajar desde cualquier lugar del mundo.

Pero no me lío más y os dejo con Monica enfermera y coach, su profesión y vocación.


 

Hace ya 5 años viajé a Perú para hacer un voluntariado en un pueblo de la Cordillera Andina, Pomacanchi, una experiencia que resultó no ser para nada como yo imaginaba.

La ONG resultó ser una estafa, llevada a cabo por un local y su hermana, que se aprovechaban de los niños del pueblo y de los voluntarios que pagaban por ir allí.

Tengo que decir que esto no siempre es así y que hay ONG’S que hacen muy bien su trabajo.

He pensado mucho si escribir sobre esta experiencia o no, no quiero que nadie se sienta ofendido con mis palabras, pero es la opinión que tengo sobre este mundo tan maravilloso y complicado a la vez.

Creo que puede servirte de mucho tanto si piensas hacer un voluntariado como si quieres hacer un viaje a zonas nada turísticas para conocer de verdad la cultura de un país.

Yo me equivoqué a la hora de elegir la organización, no así el país, por eso no me arrepiento para nada de haber ido, lo que aprendí aquellos días hizo que desease cambiar de vida y yo cambiase.

foto 2

Conocí gente increíble, luchadora y de la que aprendí muchísimo. Ahora, echando la vista atrás, creo que podría haber aprendido mucho más de ellos de lo que lo hice.

Viví momentos únicos y visité lugares increíbles que aún hoy no han podido ser superados por ningún otro.

Tal vez fuese porque para mí lo normal era y es, viajar en pareja o con amigos, y allí fui “medio sola” (más adelante te explicaré esto), y terminé el viaje en solitario, por lo que todas las experiencias fueron nuevas y diferentes.

Elegir la ONG equivocada, mi primer error

Desde que decidí estudiar enfermería tuve claro que uno de los motivos por los que lo hacía era la cooperación internacional. Unía mis dos pasiones viajar y ayudar.

Pero antes de nada, quería formarme para saber cómo hacer las cosas bien y aprender cómo funcionaba ese mundo.

Me hice un máster en salud y cooperación para el desarrollo, en el que aprendí muchísimo de personas con mucha experiencia en este campo y que sabían cómo hacer las cosas si de verdad quieres ayudar. Más tarde me di cuenta, que algunas tenía que aprenderlas yo sola.

Al terminar, decidí buscar una ONG local en Perú e irme algo más de un mes de voluntaria.

Elegí que fuese local y pequeña porque pensaba que estaría más organizada y al ser de allí, conocería muy bien los problemas de la población. Que equivocada estaba…

Opte por Perú porque siempre me había atraído ese país, su cultura, sus gentes y sus paisajes. Y en esto acerté.

foto 1

Nada más llegar supe que aquello no era como me lo habían explicado. No había ningún responsable de la organización en el pueblo y allí cada uno iba a lo suyo.

Los voluntarios llegaban y hacían lo que podían. Nadie les orientaba ni les decía que hacer para llevar a cabo bien su trabajo.

La situación era un caos, donde nadie se paraba a pensar  el efecto que tenía todo aquello.

En numerosas ocasiones se cortaba la luz de la casa por falta de pago y en la tienda del pueblo les hacían préstamos para poder dar de comer a todos los niños.

Tenía que buscarme la vida si quería sacar algo positivo de allí

Viendo que allí poco podía hacer debido al desorden generalizado y por más que lo intenté, decidí buscarme la vida y acercarme al centro de salud del pueblo por si podía echarles una mano mientras los niños estaban en el colegio.

Me recibieron con los brazos abiertos. Pude pasar visita con la enfermera y ver realmente los problemas de salud que había en la zona.

foto 7

Conocer de primera mano su cultura y su forma de trabajar.

Aprendí lo difícil que era vivir allí, las situaciones a las que me enfrenté no fueron fáciles. Es muy duro ver como condiciona tu vida el lugar donde has nacido.

Pude descubrir el pueblo de verdad, a sus gentes y conversar con ellas. Era una comunidad enorme en plenos Andes Peruanos.

No había ni hoteles, ni restaurantes para extranjeros. Un lugar nada turístico donde los únicos “gringos” que había éramos nosotros.

foto 3

foto 5

foto 6

Pasé mucho tiempo en la ONG hablando con la mujer que se encargaba de dar de comer a los niños, ella era el único referente para ellos allí.

Una mujer increíble con una historia muy dura. Tenía a su cargo a 3 hijos, aunque había tomado como suyos a todos los que allí se encontraban.

Pero ella sola no podía con todo.

Fue mi traductora de quechua cuando había que ir a hablar con alguno de los padres por la salud de sus hijos, me enseñó a cocinar con lo poco que disponía, aprendí remedios caseros para los catarros y fuimos consejeras la una de la otra.

Ella conocía muy bien cómo funcionaban las cosas, y luchaba porque sus hijos tuvieran otras oportunidades. Una mujer muy valiente de la que solo pude aprender.

Viajar “medio sola”, mi segundo error

Cuando comenté en el trabajo que me iba de voluntaria, 3 de mis compañeras decidieron unirse a mi.

Jamás hagas un viaje con alguien con el que no tienes nada en común, y con el que sabes que no vas a entenderte.

Fui incapaz de hablar con ellas claramente y decirlas que no viniesen, que quería ir sola y que no confiaba que aquello saliera bien.

Lancé varias indirectas que por el resultado, ninguna fue entendida.

No quería ofenderlas o que se lo tomaran a mal. La asertividad es algo que nunca se me ha dado bien y que por suerte he mejorado mucho con los años.

Unos días antes de coger el vuelo, llegué incluso a plantearme no ir, mi intuición me decía que iba a ir mal, pero no quise renunciar a lo que llevaba tanto tiempo queriendo hacer, solo porque me acompañaban personas que yo no quería.

Preferí arriesgarme, ya vería que hacía una vez allí si no me sentía a gusto.

Por eso hablo de viajar “medio sola”, porque desde el primer momento que llegamos a Perú yo fui bastante a lo mío, me relacionaba más con otros voluntarios e incluso hacía muchas cosas sola.

Era mi primer viaje fuera de Europa, y a un país que llevaba queriendo ir años. Quería aprovechar al máximo la experiencia sin enfrentamientos de ningún tipo, por lo que ir a lo mío era lo mejor que podía hacer.

Hasta que llegó un momento que la situación me empezó a superar.

No me sentía nada a gusto, ni con lo que vivía en la ONG ni con mis compañeras. Por lo que un día decidí continuar lo que quedaba de experiencia sola.

En ningún momento hubo discusiones ni enfados, jamás iba a entrar en eso, simplemente les dije que no me encontraba cómoda y que prefería continuar la última semana en solitario.

Se lo tomaron muy bien, y a la vuelta a Madrid, las cosas en el trabajo estuvieron bien.

La mejor decisión, viajar en solitario

Era la primera vez que me quedaba en un lugar desconocido completamente sola, pero no me daba miedo.

Cogí mi mochila y me monté en el primer autobús de la mañana. Ya lo había cogido varias veces, porque los fines de semana abandonábamos el pueblo para ir a Cuzco y desde allí visitar los alrededores.

Machu Pichu hizo que tomara la decisión de seguir sola.

foto 8

Aquel fin de semana, el último junto a mis compañeras, y que pasé en este lugar mágico, me lo pasé prácticamente absorta en mis pensamientos, escribiendo en mi diario todo los que estaba viviendo y sintiendo y disfrutando de todas las sensaciones que aquel lugar sagrado me transmitía.

Debo admitir que soy bastante sensible, no me avergüenzo de ello, y que algunos lugares me transmiten una energía especial, y eso es lo que sentí hace 5 años en el Machu Pichu.

foto 9

Toda aquella energía me llevó a ser consciente de que la única manera de volver a encontrarme bien, y seguir disfrutando de todo aquello, era continuar en solitario.

Cuando mi autobús llegó a Cuzco tras dejar Pomacanchi, sentí que empezaba un nuevo viaje.

Habían sido 3 semanas muy intensas y quería asimilar todo aquello, disfrutar tranquilamente de la ciudad y de las opciones que se me presentaban.

Durante aquella semana fui cada día al mercado, era mi ritual a media tarde, tomarme mi jugo y mi pieza de pancake. Cada día en un puesto diferente, me encantaba conversar con las señoras y reír un rato con ellas.

FOTO 12

Paseé por las calles de Cuzco, visité varias ruinas incas cercanas e hice alguna que otra compra. Y por supuesto pasaba horas escribiendo sobre todo aquello.

foto 10

A la vuelta perdí ese hábito de la escritura, que ahora con los años he recuperado y que pretendo no volver a perder.

Conocí a bastante gente, algunos viajeros de Australia, Europa… Y a artistas locales de la ciudad que al verme sola les llamaba la atención y entablaban conversación conmigo.

foto 11

Hice amistad con un chico que vendía sus dibujos en la Plaza De Armas. Tan solo tenía 17 años y cada tarde intentaba sacarse unos soles a través de su arte, pintaba en carboncillo y quería el dinero para seguir estudiando.

¿Conoces la frase de Nelson Mandela “No hay nada como volver a un lugar que no ha cambiado, para darte cuenta de cuánto has cambiado tú”?

Había sido poco tiempo pero esta frase se convirtió en una realidad para mí.

A mi vuelta algo había cambiado. Mi gen viajero se había despertado del todo y desde entonces la necesidad de conocer nuevos lugares y culturas creció en mí.

Decidí que viajar era lo que quería hacer y que todos mis esfuerzos se centrarían en ello.

Lo material pasó a un segundo plano. No necesitaba ni la mitad de lo que tenía para ser feliz.

Tanta ropa y calzado ¿para qué? El mejor móvil, una buena televisión… ¿Cuántas cosas acumulamos en casa que ni usamos?

¿A cuántas tonterías le damos una importancia que en realidad no tienen?

Los momentos especiales, las vivencias, los aprendizajes, las personas, todo eso es lo importante.

Es extraño pero ahora mismo me resulta difícil recordar y enumerar todas aquellas cosas que ya no forman parte mí.

Este viaje fue como una bofetada de realidad en toda la cara.

Tenemos mucha suerte de nacer donde lo hemos hecho, y disfrutar de oportunidades que otros no tienen.

Las circunstancias no son las mismas, por lo tanto nuestras preocupaciones y problemas son diferentes, no hay que castigarse por eso, es algo normal. Pero al menos, debemos ser conscientes de esto y valorar lo que tenemos.

Siempre andamos quejándonos de nuestro entorno, nuestro trabajo, nuestra vida… Mucho hablamos, pero pocos pasan a la acción y cambian lo que no les gusta.

Perdemos gran parte de nuestro tiempo enfadados por tonterías o discutiendo sobre cosas banales, en lugar de intentar disfrutar de lo que tenemos y ver el lado bueno de lo que nos rodea.

Durante aquel viaje:

  • Descubrí que era más fuerte de lo que yo pensaba y me sentí orgullosa de manejar como lo hice ciertas situaciones.
  • Fui capaz de dejar a un lado la timidez que hasta entonces había tenido a la hora de conocer nuevas personas, y me di la oportunidad de mostrarme tal cual era.
  • Conocí una nueva cultura y viví en primera persona una realidad muy diferente a la mía.
  • Mi mente se abrió, y aprendí a no juzgar tan a la ligera, porque no sabemos que hay detrás de las personas, ni el verdadero motivo de sus comportamientos.
  • Personas que no conocía se preocuparon por mí, en conocerme y mostrarme como era su vida. Y siempre les estaré agradecida por ello.

Respecto al tema del voluntariado, me quedaron claras ciertas cosas que no hubiese aprendido de otra manera:

  • Debe de haber una organización que diga a cada uno qué hacer, y tenga un control de lo que hacen los voluntarios. Seguro que a ti, en un trabajo en tu ciudad si no estás cualificado para ello, no te contratarían, pues esto es igual.
  • No estoy nada a favor de los voluntariados en los que tienes que pagar. Si realmente buscan que hagas un buen trabajo, no tienen que pedirte dinero a cambio, tú ya estás aportando. Y que no te coman la cabeza con que es para los niños, porque luego compruebas que no es así, sino una forma de lucrarse ellos. Tras esta experiencia he conocido otras organizaciones y otros voluntariados, por eso puedo afirmar esto.
  • Lo que es bueno para ti no tiene que serlo para otros. Cada uno tenemos nuestras costumbres y nuestra manera vivir, por favor, no intentes cambiar a nadie que esté feliz y que no te pidió ayuda.

Siempre he entendido la vida como un viaje. Creces, evolucionas, cambias y aprendes, y espero no dejar de hacerlo nunca.

Ahora te toca a ti, ¿hay algún viaje que haya marcado un antes y un después en tu vida?


 

Si estás pensando irte de viaje pero tienes muchas dudas sobre cómo hacerlo, Sergio (la otra mitad de Coaching Viajero) y yo queremos regalarte nuestro ebook “7 pasos para crear tu plan de acción en 30 días e irte de viaje”.

También puedes encontrarnos en las redes sociales Facebook, Twiter y Google +

Tags:
Monica
monica@coachingviajero.com

¡Hola! Soy Mónica y junto a mi chico Sergio somos www.coachingviajero.com En 2014 rompimos con nuestras vidas estables para irnos a viajar y vivir de acuerdo a nuestros valores, ahora queremos ayudarte a hacer tú lo mismo si es lo que deseas.

Sin comentarios

Deja un comentario